domingo, 23 de octubre de 2022

Zapatos buenos

Hay buenos zapatos para la cabeza, versátiles, cómodos, hasta elegantes.

Lo que no hay es sombreros para el corazón.


Alardear de tu prestancia para señalar lo que no es importante lo avejenta, y lo hace volver aún más frágil y quebradizo.


Una vez roto sólo hace juego con la idiotez.


Mejor hambriento y desnudo, que vacío y avergonzado.

Siempre de noche

Quiso la fortuna dotarme de una inocencia frágil y evanescente, la suficiente para encarar con resignación los reveses de la realidad, y también la necesaria para ilusionarme con perplejidad intentando desenredar el porqué de sus continuas contradicciones. 

No todo era malo.

No me cuestionaba que ser alguien reservado y absorto en un intramundo (plagado de fantasías) en el que buscar respuestas, y ser quien deseaba ser, y donde quería estar siguiendo siendo yo, fuese algo reprochable. 

No me importaba, la vigilia solo es dueña de sí misma, y no de mis fantasmas. 

Al caer la noche, en cualquier rincón de aquel cajón de sastre que era mi mente, hallaba maravillas y prodigios que excitaban mi espíritu, y nada pasaba desapercibido (para gozo y estímulo de mi creciente curiosidad), pues cuando lograba encadenar milagrosamente una fracción de irrealidad tras otra, dándome una respuesta parcial a preguntas que me quedaban grandes, sentía la necesidad imperiosa de llegar hasta sus fuentes, y aprovisionarme para la siguiente andanada.

Y la noche, y los sueños, saciaban mi sed durante la búsqueda. 

De cualquier lugar venían la ilusión, la esperanza, el amor y la música, el dolor y la rabia, la lírica, la calma y más preguntas y respuestas, mientras el amanecer se aletargaba -creía dominar el tiempo, todavía lejos de la manecilla corta-, mientras mi mente estremecida reía en caída libre hacia otro despertar letárgico.

Y me sentía ávido, y a la vez angustiado, por plasmar con detalle en tinta y carne mis oníricas cacerías, ansiando otra vez ver la tenue sombra de mis miedos, para una vez vencidos, convertirles, moldearles, y exponerles disecados como trofeos en lejanas estanterías, en lo más profundo de mi alma.

Zapatos buenos

Hay buenos zapatos para la cabeza, versátiles, cómodos, hasta elegantes. Lo que no hay es sombreros para el corazón. Alardear de tu prest...